07 noviembre, 2012

No es un frac, es un forro polar.

Por aquellos tiempos Szinva Terász todavía no era así.
Era unos feos aparcamientos.
Ahora está el tío, la manzana invertida y también la estatua de "Las chicas de Miskolc".

En el Impresszo de Miskolc o en el Shannon Pub después de la cena solía agobiarme mucho cuando las francesas sacaban sus monederos y contaban exactamente si habían bebido dos cocacolas o si una de ellas había bebido tres, o yo había bebido vino o cerveza... cada una pagaba exactamente lo que había consumido. 
Un español, quizá por saber menos matemáticas, o quizá por ser más generoso que las francesas, dividiría entre cuatro el precio total de la cuenta, sin importar si una o varias personas hubiesen tomado postre o dos cocacolas o sopa o lo que fuera. Era intolerable. Una de ellas era incluso mi novia. 
Me ponía nerviosísimo verlas contar sus moneditas. Interminable. El camarero ante nuestra mesa a la espera del resultado. Me avergonzaba. 

30 octubre, 2012

Permanece entre alumnos y sus profesores

He observado que los adultos "normales" tienen un poco de miedo a lo que ocurre en las aulas y atribuyen todo tipo de males y de bienes a la educación, por pura ignorancia. Y es que nadie entiende lo que ocurre en un lugar, si no participa de él. Para los hombres adultos, lo que ocurre en la enseñanza es un misterio irresoluble tal como saber lo que hay en el bolso de su mujer o entender qué es el Bosón de Higgs. A pesar de que la sociedad española se empeña en arrojarse los platos a la cabeza redactando una nueva ley de educación cada cuatro años, la relación entre profesores y alumnos es más importante y sigue adelante. Siempre. 

Me ha tocado la mejor profesión del mundo. Lo siento por vosotros. Trabajo en ese misterio que es la educación. Trabajo con personas que sufren a diario divertidas equivocaciones lingüísticas. No es lo mismo El Bético que Helvético, pero ¡suena igual! (He sabido por mi amigo Mariano que, de hecho, existe una peña del Betis en Suiza que se llama: "No busques más que no hay").

¡Cuántos dolores de cabeza y noches sin dormir supone estudiar, pasar pruebas, escribir exámenes, hacer lo que te dicen, ponerte en manos del profesor! La relación alumno - profesor está basada en la confianza y el conocimiento mutuo, que van encaminados hacia "el Conocimiento", sin más. La relación personal está imbricada a la enseñanza porque el proceso de aprendizaje es un proceso afectivo, como explicó Stephen Krashen (en 1985).

Hoy estoy muy contento por mi propio resultado como estudiante: ayer aprobé mi examen de conducir, tras muchos sudores y tras pagar mucha pasta. Fue en mi viejo barrio: entre Miralbaida y la Electromecánica. Aprobé gracias a la ayuda de un mítico profesor, Rafael. Hemos dado clases a diario entre 6.30 y 8.00 de la mañana porque no teníamos más horas libres. No estaban ni las calles puestas. 
2012.03.23. Un retrato que me hicieron Miriam y Duvi, aún mis alumnas. en Espejo

En la serie The Wire, el ex policía reconvertido a profesor de secundaria Roland "Prez" Pryzbylewski visita a su ex Jefe en la Brigada de Homicidios, Daniels, para hablarle sobre un alumno con problemas. Éste no entiende por qué Prez se toma tanto interés por el chaval y le pregunta: 

Daniels: - Why do you care? Whats this kid to you? 
Prez: - I dont know... He is one of my students. 

A eso mismo me refiero... de repente, no sabes por qué, pero te importan (incluso los que más te desafían, los que te mienten o los que te insultan). Vives con ellos un día a día de trabajo común, adaptación, experimentación, esfuerzos grandes dosificados en pequeñas tareas, recompensas, la potencialidad de infinitos momentos de satisfacción con cada aprendizaje alcanzado ... Los alumnos crecen y, tú con ellos, aunque no todo sea gracias a ti. Nos influimos mutuamente. Y nadie sabe muy bien lo que recordaremos cinco años después o lo que será útil para nuestras vidas, pero en las clases diarias, nos seguimos esforzando, tozudos como mulas. 

Otoño de 2007. Miskolc. Instituto Herman Ottó. Clase con los mayores del último curso (12/5, 13/S). Pregunto cuál es el combustible principal de la primera revolución industrial. Una alumna linda e inteligente, en el centro geométrico del aula, levanta la mano. Le doy la palabra: 
- ¿Sí? ¿Barbara? 
Baja la mano, me mira y con voz clara e inocente dice: 
- Cabrón. - Y nos quedamos todos callados mirándonos a los ojos, antes de reirnos.

Son cosas que pasan, y, justo esos momentos, permanecen en el recuerdo.


Para leer, sobre este tema, pero referente a la enseñanza universitaria: "Enamórate de tu profesor", excelente artículo de William Deresiewicz.

12 octubre, 2012

Gente que viaja.

Hoy es el día de la Hispanidad y no he parado de cagar. Siento contároslo, pero ya no puedo con mi alma. Tengo diarrea desde hace una semana y estoy ya harto de comer arroz en blanco con merlucita desmigajada, aquarius y yogures naturales. Se acaba el veranillo del membrillo y no voy a poder disfrutar de los últimos días de sol tal como es debido: con unas mahous bien frías en la terraza de la Magdalena comiendo croquetas con buena conversación. 
Ayer cruzaba con la bici por delante del Puente Romano, quería pasar bajo el Arco del Triunfo. En ese momento escuché música de violín: era Klara. Es una amiga eslovena que trabaja tocando buena música en ese lugar precioso por el que no dejan de pasar turistas. Está dada de alta como autónoma y todo. Toca muy bien. Al mirarla descuidé la atención de la conducción y mi bici tropezó con uno de los pivotes semiesféricos de piedra del pavimento. Volé por los aires y caí estrepitosamente contra el suelo. Algunos turistas me echaron fotos, otros me preguntaron si estaba bien y, defintivamente, mi amiga se dió cuenta de que yo había llegado.
Klara ha estado de vacaciones este verano por Centroeuropa y, “de camino” hacia Eslovenia, ha visitado Budapest con algunas recomendaciones que le hice. Todo el mundo conoce el Szimpla kert, por ejemplo. Sin embargo, lo que no le ha acabado de gustar es la gente y los precios: ha sentido que estaba en Italia, donde con frecuencia se trata de engañar al turista. Por ejemplo, te hacen pagar para ir a cualquier servicio público. Suele haber una señora cuyo único trabajo es sentarse y cobrar 100 forint a los que necesitan entrar. 
Quizá porque soy español, quizá porque viví un año en Roma, quizá porque crecí en barrios poco seguros de Córdoba, me volví un poco paranoico y tomo ciertas precauciones para no sentirme engañado cuando viajo. Algunos ejemplos:
  • EL BAR CATEDRAL. Nunca se debe comer junto a los principales monumentos. Por ejemplo, no comas nada junto a la Catedral, y sobre todo no lo hagas si el bar se llama “Catedral”. 
  • FOTOS DE COMIDA. Nunca voy a ningún bar que ha desplegado grandes fotografías de los platos de comida. Automáticamente me quita el hambre ver el aspecto de plástico de esas fotos, además de molestarme visualmente y despertar mi desconfianza. Entiendo que el sentido de las fotos es que un extranjero sepa lo que es un flamenquín con papas, un revuelto de gambas y ajetes o un pörkölt. Los alrededores de la Mezquita de Córdoba están llenos de ésto. 
  • PERSONAS. Observa a la gente. El tipo de gente con que te vas cruzando te dice donde estás. 
  • NO SEAS RICO. Si tienes un móvil caro, un reloj llamativo, un aparato de música, un ordenador... no hace falta que lo vea todo el mundo a tu alrededor. Sin embargo, nadie nunca intentará robarte un libro, ¡qué curioso!
  • LA NOCHE. Ten en cuenta la hora. De noche, todos los gatos son pardos, pero algunos arañan y no los ves venir. 
  • LOS TAXIS POR TELÉFONO. En una gran ciudad, ten a mano siempre un número de taxis de confianza. En Budapest los que no son de confianza suelen clavarte con precios abusivos.
Curiosamente, tanto en Budapest como en Córdoba, dos de mis sitios favoritos para comer se llaman "Magdalena".
¡Sandios, qué hambre tengo!
No lo olvidéis: Lo mejor para viajar es ir con indígenas nativos de la zona, para que te lleven a los mejores sitios, como hicieron los jocondos zagales de la fotografía. Y, si no conoces gente, usa couchsurfing.

06 septiembre, 2012

El Espinete de los húngaros

Hoy he conocido al Señor Erizo que vive en casa de mi amigo Mario. Es un animal pequeño que duerme mucho y sale cuando nadie lo ve, porque no quiere problemas. Se protege con sus púas arqueando la espalda. Esto me ha hecho recordar otro animal que tengo en mi estantería. Un topo, pero de peluche.

Los húngaros que actualmente tengan entre 20 y 50 años tendrán seguramente un recuerdo muy grato de este personajillo que acompañó sus infancias. Se trata de un dibujo animado procedente de Chequia, donde es conocido como Krtek. Sin embargo, para los húngaros es Kisvakond, el "Topito". 
Creo que los hispanohablantes que conozcan el programa Barrio Sesamo encontrarán un paralelo en otro animalillo de nuestra niñez: Espinete era un erizo que se ponía pijama para dormir, pero el resto del día iba sin ropa, ¿os acordáis?

Siempre me ha fascinado el diseño simple y redondeado del Topito y todos los demás animales que lo acompañan. Es sabido que el juguete más vendido de la historia tiene una forma similar, me refiero a Mister Potato. Kisvakond tiene nariz roja, ojos grandes y vivos, un cuerpecillo negro y tripa gris. Son característicos los tres pelos que coronan su cabeza. 

En sus aventuras viene acompañado por otra serie de simpáticos animalejos como los osos, que en un capítulo le regalan un pez tras comerse su tarta en Kisvakond és a mackók, el conejito al que devuelve con sus hermanitos y Mamá Coneja en Kisvakond és a nyuszi, o sus colegas conejo, erizo y ratón con los que se junta para comer tarta y les cae un diluvio en Kisvakond és az árvíz. Tengo esos tres cuentos y a mi sobrina de cuatro años (que es una niña muy lista y guapísima también) le encanta que se los lea una y otra vez.

Son fantásticos los capítulos que se pueden ver en Youtube cuando el Topito se va a visitar la ciudad. Es alucinante comprobar el auge y las miserias de la industrialización socialista y la urbanización en "panellek" (casas prefabricadas en bloques de hormigón sobrepuestos en los que también me tocó vivir a mí y de los que he hablado en otras entradas del blog). Es bastante reivindicativo el capítulo de Kisvakond en la ciudad. El Topito y sus amigos son víctimas de la expropiación forzosa por unos hombres de negro y se ven obligados a vivir en un piso, tras conservar sólo el tocón de un arbolito del frondoso bosque que era su morada. Siempre que no retiren el vídeo, se puede ver aquí.

Incluso tengo una camiseta naranja de uno de los mejores momentos del Topito: ¡Cuando conduce un coche! Es el capítulo de Kisvakond és az autó. 
Porque sabían que me gustaba mucho, mis alumnos de la primera promoción de español que salió del Instituto Herman Ottó en el año 2005 me regalaron un peluche del Topito, que podéis ver en la fotografía y que siempre va conmigo a todas partes. 

30 agosto, 2012

¿Cómo se llaman los húngaros?


A veces los húngaros son demasiado literales con las preguntas y las respuestas. 
2012.12.05. En alguna parte cerca de Ráday utca, Budapest
En 2002, estando en Córdoba con mi amigo Enrique conocimos a Orsi, una estudiante húngara. Ya que en España parece que todos nos llamamos Pepe o Paco y todas las mujeres españolas se llaman María, nos pareció interesante preguntarle a Orsi sobre los nombres húngaros.
- Orsi, ¿cómo se llaman los húngaros?
Y ella respondió:
- ¡No lo sé! ¡Yo no los conozco a todos!
Orsi debió pensar que éramos unos ignorantes y habíamos tomado Hungría por un pueblo muy pequeño.

(Nota: ¿Cómo se traduce esta frase "Cómo se llaman los húngaros"?
1. Hogy hívnak a magyarok? 
2. Hogy hívják a magyarokat?
3. Ninguna de las dos anteriores. 

28 agosto, 2012

Apellidos - Családi névek


Mientras vagaba por la calle, medio zombi hacia el trabajo, me resultaba bastante cachondo traducir los nombres magiares literalmente:
Ferenc Deák sería la Plaza Francisco Bachiller
El famoso compositor Ferenc Liszt sería Paco Harina (¡¿quién lo hubiera dicho?!);
El futbolista Ferenc Puskás, Pancho Fusilero (de ahí que le llamaran “Cañoncito Pum Pum”); 
László József Bíró, inventor del bolígrafo, sería Luis José Juez;
György Kemény, que creó el primer lenguaje de programación, sería Jorge Comino;
János Sonka, el inventor del carburador, sería Juan Jamón;
József Galamb, que diseñó el coche Ford T, se llamaría José Palomo;
André Kertész, ese fotógrafo que tanto me gusta, sería Andrés Jardinero;
Anna Sipos,  11 medallas de oro de tenis de mesa, si fuera “Sípos”, sería Ana Chiflada;
Su compañero de juego, Viktór Barna, cinco veces campeón mundial, Víctor Marrón;
Andrea Gyarmati, campeona olímpica de natación en 1972, sería Andrea Colonial.
Leó Szilárd, físico atómico húngaro, se traduciría como Leonardo Sólido;
Imre Nagy, presidente de la Revolución de 1956, se convertía en Emerico Grande;
György Soros el multimillonario, Jorge Seriado;

El apellido Pataki, como la actriz Elsa, significa “del arroyo”;
Incluso, liberando mi creatividad, sin ánimo de ofender, el apellido Sárközy, pronunciado a la francesa (magyarul: szar – köz – i) se traduciría aproximadamente como “de entre mierdas”. 
Pero sólo es un juego de palabras producidos por el aburrimiento. Yo también he sufrido numerosas confusiones malentendidos y bromas con mi nombre y mis apellidos. En Inglaterra un empleado de las ferrovías se echó a reir porque dijo que “Miguel” era como “My girl”. Luego está la gente que te pregunta si tienes más de ángel o de diablo y tú no sabes qué responder. Mi primer apellido suena en el extranjero algo aristocrático. El segundo ha sido confundido por Frochoso, Flechoso, Frechosa, Pedroso, etc… la confusión más reciente fue un documento oficial húngaro donde me llamaban Lechoso. Y hoy mismo un "Hombre Telefónico" de una tienda online me ha dicho que mi nombre era demasiado largo para sus ficheros...
Ya véis... a todo cerdo le llega su San Martín.
(O, como dijo un día, muy cabreada, la profesora que trabajaba conmigo: “A todo cerdo le llega su San Benito”)

22 agosto, 2012

¡He dicho tornillos! / Csavar mondtam!


Las vocales húngaras son la primera pesadilla para el hispanohablante que se acerca a la lengua magiar. Hasta que consigas decir “sör” (cerveza), primero pronunciarás “szor” (echar), “sor” (fila, serie) y “szar” (mierda). Esta última opción es la más peligrosa porque podrías estar pidiéndole al camarero una jarra de mierda (egy korsó szart), en lugar de una jarra de cerveza (egy korsó sört). Es necesario escuchar cada una para distinguirlos y, aún así, es común repetir siete veces la misma palabra sin que te entiendan, aunque tú estás segurísimo de haber pronunciado exactamente el sonido correcto.
Un día fui a una ferretería y pregunté si tenían tornillos:
- Van csavar?    (¿Tienen tornillos?)
- Elnézést, mit mondott?     (Perdón, ¿qué has dicho?)
- Van csavar?     (¿Tienen tornillos?)
- Bocsánot, nem értettem…    (Perdón, pero no lo he entendido…)
- Mondtam, ha van csavar. (He dicho que si tienen tornillos)
- Mit? (¡¿qué?!)
- Csavar, csávar, csavár, csavarok! (¡tornillos, turnillos, tooorrrrniiiillooosss, tornillos!)
Y por fin la persona ve la luz…
- Aaaaaam! Csavar! (¡Aaaaaah! ¡Tornillos!)
- Igen, igen, igen
Y yo pensando: 
“¡Por Dios bendito! ¡Hace una hora que estoy diciendo exactamente “csavar”!”

21 agosto, 2012

Alumnos como plantas


Siempre me alucinará lo fácil que es criar plantas. Mi abuela y mi padre son adoradores de las plantas, mientras que yo sólo un aficionado. Cuanto tuve una planta de albahaca la deshojé al menos cuatro veces para hacer salsa pesto y todas las veces la planta rehízo su vida como si nada. A las plantas les va bien con que las cuides mínimamente: echarles agua y ya. Ni un filete de pollo a la paprika, un poco de queso ahumado Karavan, ni siquiera un vasito de vino tinto Vida. Sólo agua. Tampoco tienes que tenerlas dentro de la casa. Las plantas pueden dormir al fresco o achicharrándose en la puñetera calle e incluso es mejor que tenerlas encerradas. Sin que tú hagas nada de nada la planta va creciendo y tú vas teniendo la sensación de que has sido tú el que la ha hecho crecer. La miras con cara de bobo y te sientes orgulloso. En mitad de la ciudad, miras tus plantas y vislumbras una brizna de naturaleza en casa.

Con los alumnos ocurre algo parecido: Uno los ve ir creciendo, ir aprendiendo. Cada día los alumnos saben cosas nuevas y los adultos los miramos y nos sentimos orgullosos. Pensamos: “Han crecido gracias a mí”. Pero tanto las plantas como los alumnos iban a crecer, de todos modos. Tú no los has hecho más altos. Pero necesitamos ese contacto con ellos, igual que ellos necesitan contactos con mucha gente para aprender. El error consiste en creer que ellos aprenden lo que tú quieres. Las plantas echan hojas y flores hacia donde les da la gana.

Mis ex alumnos húngaros son grandes personas, todos ellos. Ahora son periodistas de deportes, como Peti, médicos, como Barbi, filólogos como Emese o Hajni, ingenieros como Timi, psicólogos como Kálmán o Zsike, Anita estudió Ingeniería Industrial, Dániel, finanzas y contabilidad, Lilla o la grandísima Laura trabajan para grandes hoteles, Flóra estudia Biblioteconomía y Filología húngara, algunos de ellos fueron a vivir un año en Inglaterra, Dinamarca, España o Francia, como Jutka, Zsuzsi, Zsani o Andris. Otros se han quedado en su ciudad, pero también han viajado y sigue dándome mucha alegría verlos por la calle. Confieso que a veces no me acuerdo de todos los nombres, porque soy despistado y han pasado años, y cada año tengo una centena de alumnos nuevos. Pero me gusta saber de ellos. 
Ahora tengo alumnos españoles, la relación con ellos es diferente, pero también, como parte de mi trabajo, los observo y trato de colaborar en ese crecimiento. Por lo menos, no estorbar. 

20 agosto, 2012

Violencia / Desigualdad de género España - Hungría.


En ambos países hay problemas de sexismo, maltrato y desigualdad de género, aunque existe legislación específica (leyes aprobadas en España en el 2004 y para Hungría en el 2009)[1]
Es difícil decir si actualmente hay una mejor situación legal para la mujer en uno de los dos países, pero la situación era sin duda peor en España hasta 1975, ya que las mujeres tenían que obtener la “licencia marital” para comprar bienes inmuebles, ganar dinero y disponer de su sueldo. Como curiosidad, he encontrado en la Biblioteca Virtual del Miguel de Cervantes la licencia marital que Francisco Rabal Valera firmó en septiembre de 1956 a nombre de su mujer Asunción Balaguer Golobart “para que pueda viajar libremente” y reunirse con él Roma.[2] 
Solamente el derecho catalán permitía (y permite) que los cónyuges pactaran cual era el régimen económico que iba a regular su relación, por medio de un convenio matrimonial conocido como "capitulaciones".[3]


[1]                      Programa Daphne, Asociación Altra  www.surt.org/altra/docs/INFORME_COMPARATIVO_castella.pdf
[2]                      http://www.cervantesvirtual.com/obra/licencia-marital-otorgada-por-francisco-rabal-en-roma-8-de-septiembre-de-1956/
 [3]                      La Mujer en Los Discursos de Género: Textos y Contextos en el Siglo XIX, por Catherine Jagoe,Alda Blanco,Cristina Enríquez de Salamanca

14 agosto, 2012

Impresiones sobre miradas a culos hispano-magiares.

Zsófi fotografía una estatua ¿en Esztergom? el verano pasado
      En casi todos los países del mundo, la gente acostumbra a tener en la parte posterior del cuerpo dos mofletes unidos con mayor o menor gracia que llamamos culo.
        Los húngaros no miran el culo al pasar cualquier mujer por la calle. Esto lo enuncio negativamente porque estoy pensando en qué los españoles sí lo hacen ... ¡Y cómo lo hacen!. Lo hacen con tanto interés que incluso se olvidan de lo que estaban hablando. Los culos húngaros no tienen nada que envidiar a los culos españoles. En ambos países los hay redondos, cuadrados, melocotonados, respingones, alicaídos, con forma de pera, con piel de naranja, calvos, con piel de kiwi, atléticos, con sorpresa, generosos, gelatinosos, ajamonados, falticos y de todo tipo.
          Bueno, los húngaros no miran los culos fijamente, pero sí que se fijan en ellos. Sin embargo, no he visto nunca... no he visto nunca... ¡vaya culo! ¡yo a esa la ponía mirando a Cuenca! ¿habéis visto éso? ... ¿cómo? ¿qué estaba yo contando? ... ¡Ah, sí! Decía que yo nunca he visto a un húngaro olvidarse de lo que estaba diciendo para mirar un culo cualquiera que acaba de pasar.
            Es la cultura y el experimento de Milgram, o sea, la presión de grupo, la que hace que cincuenta millones de personas al mismo tiempo pierdan el hilo de pensamiento para mirar un culo. Mi amigo Marcos se sintió total y absolutamente reflejado como uno de los que pierden el hilo, pero somos casi todos en España. Los españoles y españolas escanean descaradamente, ropa y todo. En algunos pueblos pequeños, como Espejo, donde trabajo este año, los obreros miran a las mujeres con tanta prestancia y fijación que, no sólo detienen su trabajo, sino que, aunque el propietario del culo les salude, no responden. Una mujer se dará cuenta de que los ocho obreros al completo están, como estatuas, mirándola embobados. Si la mujer dice "¡buenos días!", ellos permanecerán inmutables, quizá sorprendidos de ver un culo parlante. Así que miran y miran, para no perderse detalle, como si alucinaran tanto como si Alien, el octavo pasajero, pasara por su calle. ¿Es la cultura católica la que llamó tanto la atención sobre el cuerpo? (El cuerpo es pecado, sólo el espíritu trasciende).
              Los húngaros no lo hacen. Uno camina por la calle y no nota la mirada de cada persona con la que se cruza. Las húngaras ni se fijan en si alguien les echa una mirada y quizá sea por éso que tienen más libertad para vestir. He visto húngaras con generosos escotes y otras prendas muy cortas, colores llamativos, ir a su vida diaria sin que ninguna persona hiciese comentario sobre ellas. En las piscinas públicas nadie molesta a nadie con las miradas y el ligoteo es más directo, menos ansioso. Si tal, lo dices y punto. Esto no quita para que los húngaros piensen que tienen las mujeres más guapas del mundo, como suelen decir (nálunk élnek a világ legszebb női).
            ¿Por qué será? Que cada uno saque sus propias conclusiones, pero en Hungría uno se viste con más libertad, sabiendo que no le van a escanear. Quizá los húngaros tienen una relación más saludable con su cuerpo.
             Mi amigo Peti me lo explicó desde el punto de vista húngaro:   
"Los húngaros miramos los culos, pero de reojo. Si no hay mucha gente en la calle, después de que pase una señorita, miramos su culo, sin duda - especialmente, si nos parece atractiva la niña. Pero, lo hacemos de forma discreta, ya que  nosotros los húngaros, en general, somos más introvertidos. Creo que mirar al culo de una mujer se considera falta de educación, quizá porque no es nuestra chica. Cuando estés con los amigos, paseando por la calle intentando ligar... es igual... Parece maleducado. Pero, por ejemplo, ¿has viajado en coche con amigos aquí? Si no, deberías: Además de escuchar la radio y charlar es imprescindible mirar a las chicas y sus curvas, mientras podéis hablar de ellas. (Importante: ¡que no haya ninguna fémina presente!)"

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