03 octubre, 2013

Sin lengua en los pelos

Se dice que alguien no tiene pelos en la lengua cuando dice todo lo que piensa en voz alta y clara, sin miedos. Pero, ¿qué ocurre cuando uno va al peluquero en otro país y no habla el idioma? Pues que se encuentra uno sin lengua en lo de los pelos.

Podríamos decir que húngaras y húngaros son gente muy stylish, muy a la moda, y Miskolc está a la orden del día en peluquerías. Yo creo que las peluquerías y los salones de belleza superan en número a cualquier otro tipo de comercio, incluidas las zapaterías, que también abundan.


Mi peluquería favorita en Miskolc está en la Calle Szechényi con la Calle Deryné. Es la que tiene en el exterior un maravilloso cartel en blanco y negro que representa a un caballero con corbata y bigote. Podría perfectamente ser Charles Bronson. Adoro ese cartel. Szechényi utca no sería lo mismo sin él.


En la primera semana de octubre de 2013 pasamos en Córdoba unos días anormalmente húmedos que hacen sudar a propios y extraños. He decidido cortarme un poco el pelo y mientras me encontraba en la peluquería han entrado dos hombres de los cuales sólo el segundo necesitaba un corte de pelo, pero no sabía hablar español.

Inmediatamente he recordado cuando en Hungría necesitaba un buen hajfodrász (un pelado) y acudía a alguna de las peluquerías de Szechényi utca. Sin embargo, no podía dar ningún detalle sobre cómo quería dejarme el flequillo, el cogote o los lados de mi cabellera. Ni siquiera podía explicar matices sobre la longitud que quería cortar. Sólo sabía una palabra mágica: rövid (corto). Y que fuera lo que Dios quisiera.
Hoy, ante la presencia de este hombre extranjero que no sabía español, le he contado la anécdota a la peluquera, para excitar su comprensión por el guiri lingüísticamente indefenso. Ella me ha contado a cambio que su hermano en Inglaterra fue a un peluquero pakistanía y sólo supo decirle lo mismo: short (corto). El peluquero le metió la maquinilla y lo rapó al cero.
Se ve que corto significa diferente en cada idioma y no se puede traducir literalmente. Igual que "temprano" que en español significa las 8h de la mañana y en Hungría significa las 6h. Caso parecido al de la expresión "ya mismo" que cuando lo decimos en Andalucía muy a menudo significa "nunca".

Pero todo esto podría ser mucho peor: ¿Y si yo fuera una mujer? Cortarse el pelo para ellas es más delicado... es prácticamente una cuestión de vida o muerte.

Mi amiga Judit Drotos nos da la versión mujer "How to be an alien": ella es una húngara viviendo en Inglaterra, igual que George Mikes. Ya que es mucho más caro cortarse el pelo en Norwich que en Miskolc, Jutka aprovecha sus vacaciones para pagar el precio magiar. Pero confiesa que, siendo mujer con una hermosa mata de cabellos, requiere tan complicadas explicaciones en la peluquería que a veces ni siquiera es posible darlas en húngaro, su propio idioma.

Es curioso haber sido emigrante en Hungría durante la etapa en que España vivía su "milagro económico". Ahora estoy en Córdoba en la etapa en que España vive su "crisis y hundimiento", mientras todos los jóvenes y adultos se marchan a otros países, como el hermano de la peluquera.


Pasó el tiempo en que recibíamos inmigrantes y ahora somos nosotros los emigrantes. Ironías de la vida. El mirelanismo va a llegar. Córtate el pelo a tiempo.


17 agosto, 2013

Para no ser leído

Un libro que no puedes leer. 
Podéis verlo como una puerta cerrada, una palabra no dicha, un beso no entregado, una pequeña muerte, un regalo sin abrir, un amor no correspondido o un boceto sin entintar.
Foto tomada en Írók Boltja, Budapest, Andrassy u. (műértő = conocedor)
Pero yo prefiero que sea un ideal por alcanzar, un sitio al que llegar, una persona con la que hablar, una América por descubrir, una botella por descorchar, una frontera que traspasar, una acuarela fresca, una Ítaca personal o una experiencia por conocer. 

Y observen que he dicho todo esto sin mencionar el "sabor barbacoa" ni el "olor a hierba recién cortada". 


03 agosto, 2013

"Código de barras lineal" de Krisztina Tóth



Qué señora más guapa que es Tóth Krisztina (1967), ¿verdad?
Antes de ayer compré en la Librería Latitudes de Budapest el libro de Krisztina Tóth "Código de barras lineal" ("Vonalkód") (2010), traducido por Éva Cserháti. Lo leí en un día porque son relatos fáciles de leer, independientes.    

Finalicé el libro cuando estábamos sobrevolando España, de regreso de mis vacaciones, y se lo dejé en el barrio de Lavapiés en Madrid, a mi amiga Montse, antes de regresar a Córdoba.

Dije a Montse más o menos lo siguiente:

- Me ha gustado, pero sobre todo la segunda mitad. Cuando entendí el tono del libro.

- Esperaba relatos sobre el "comunismo del goulash", que es lo que induce a pensar la solapa del libro y la cita de la contra. Hay que saberlo: Este libro no habla del comunismo del goulash (hacia 1970).

- Este libro habla de vivencias de una (¿o varias?) mujeres, en tono intimista, personal, con un toque de desorientación, en un mundo donde las cosas suceden por casualidad, escapando de nuestro control. Envejeciendo sin remedio. 

Así pues, muy mal a la editorial ElNadir y al diseñador del libro que induce a confusión.

- El libro consta de quince relatos intimistas con toque indudablemente femenino (hay un capítulo dedicado al descubrimiento de la regla, hay referencias a la maternidad y también a las rupturas sentimentales).

Durante un mismo relato, de buenas a primeras, cambia de escenario sin avisar. Y esto desorienta. Aún siendo la intención de la autora, hizo un poco más difícil seguirle el hilo a los primeros capítulos. 

Recuerdo con gusto las partes en las que esta escritora poeta y traductora debe traducir un párrafo de una guía sobre Budapest y, poco después, recuerda ese párrafo al sucederlo algo parecido. Como si el destino le hubiera jugado una mala pasada.

Me gustó especialmente el capítulo que pasa la escritora en Japón.

Esta es una buena reseña del libro, a mi entender después de haber leído ambos:
Reseña de solodelibros.

Curiosamente el libro cuesta 16€ en España y en Hungría unos 5300 Forints, lo cual es poco caro dado que 1 € no son 330 Forint, sino menos.
Otra información curiosa: en húngaro es posible comprar un CD del libro Vonalkód y escucharlo.

Y ahora os dejo, que me dispongo a ver A Torinói Ló ("El caballo de Turín") la última peli del director Béla Tarr.

02 agosto, 2013

Caperucita Roja y las grosellas negras.

En Hungría se conserva una costumbre muy buena: fabricarse de manera casera sus propios refrescos. 
En España los que no quieren beber alcohol o algo de la Coca Cola Company lo tienen muy difícil. Todo lleva gas o alcohol, excepto el Aquarius. Hay pocas opciones. Son raras las "zumerías" (establecimientos de venta de zumos que he visto en Las Palmas de Gran Canaria o en Córdoba). Y no se lleva mucho tener zumos o batidos en los bares. Además, el agua siempre es mineral sin gas y el biterkas o las mirindas han desaparecido!!

En Hungría, no sólo aún se venden mirindas, sino que además de poder pedir agua con gas, con medio gas o sin gas, muchos tipos de tés (verde, rojo, jazmín, otras frutas, varios tipos de té negro), té hecho en leche, granizadas (smoothies), zumos y batidos, existe la opción casera de comprar tu propia botella de agua con gas y añadirle un chorrito de los siropes de la marca Piroska.  

Piroska es el nombre o apellido de algunas chicas húngaras. Por ejemplo, yo conozco una Piroska en Budapest que habla perfecto español. Y en Miskolc conozco otra Piroska que es la mejor profesora de literatura del mundo y los alumnos literalmente lloran al despedirse de ella y siempre recuerdan su forma de recitar poemas magiares. También Piroska es el titulo en húngaro de un famoso cuento para niños: Caperucita Roja. 

Piroska es una marca muy húngara de siropes (szörpök). Mi favorito es el de grosellas negras (fekete ribizli). Las grosellas negras son lo que en otros países se llama "casis" o en España también se llama uva crespa o uva de corinto. Creo que es lo que comían los pitufos, ¿no? 

La proporción para beberse un szörp es de muy poquito sirope y mucha agua. Si yo fuera húngaro, hubiera escrito 10% de sirope y 90% de agua, para ser más precisos. 

Aquí en la foto, uno de estos bodegones húngaros que a mí me gustan. Es una parte de mi cena de picoteo de antesdeayer. En el centro: la botella de Piroska Fekete Ribizli Szörp


01 agosto, 2013

Cigarros porno, Unicum y Willy Wonka.

El último chisme sobre el Gobierno Orban del Partido Fidesz de Hungría no es sobre el nacionalismo, el valor del forint, la nueva línea de metro de Budapest, el nuevo tranvía de Miskolc o sobre las políticas de integración de la minoría gitana. Esta vez se trata de algo que realmente afecta al conjunto de la ciudadanía: el tabaco. 

Hay que saber que anteriormente era posible comprar cajetillas en numerosos lugares. Era especialmente común comprar tabaco en cualquier supermercado, donde se colocaban apetitosos junto a las cajas cobradoras, para no salir de allí sin él. También los bares los vendían. 

Los húngaros están que no echan humo desde que el Gobierno, además de apoderarse de todos los institutos de educación pública, ahora se ha hecho con el monopolio de la venta del tabaco mediante una red de "estancos", a la manera española. Las calles de Hungría se han llenado de estos nuevos únicos lugares a los que les está permitida la venta de cigarrillos. Todos ellos están marcados con un símbolo "T" con los tres colores de la magiaridad, contorneados por un marco circular negro donde se lee su nombre: "Tienda de Tabaco Nacional" (Nemzeti Dohánybolt). 


El hecho de que se indique la palabra "nacional" (Nemzeti) ha hecho que mucha gente considere que las tiendas de tabaco tienen derecho a tener nacionalidad, al igual que los calcetines, las palomitas del cine, los cojines de un sofá, el pollo con patatas o las granizadas de mango. Incluso podría llevarse al Parlamento el derecho a la autodeterminación de los quicos, las pipas de girasol y las cáscaras de naranja. Todas las bombillas y los enchufes de Erdély, en Transilvania, se han unido en una petición unánime de la nacionalidad magiar que ha electrizado las conversaciones de todos los electricistas húngaros.  El ambiente echa chispas, pero, ésto sí, por fortuna son chispas nacionales, cien por cien magiares. 

Además, estas tiendas muestran otro gran indicador con un número "18". Esto, junto a los cristales translúcidos que no dejan ver el interior, han llevado a gran número de extranjeros a pensar que se encontraban frente a un sex shop, lo cual a muchos les encaja con la idea de Budapest como "Capital Europea del Sexo". A continuación, escribiremos esta palabra tres veces más para aparecer en las búsquedas de google en primeras posiciones: sexo, sexo, sexo. Además, con su permiso añadiremos algunos improperios de propina, con el mismo propósito: pollas, coños, joder, hostia puta, escoria de mierda. 

Un gran número de analistas destacan la similitud del símbolo con el de la marca de licor "Unicum". Siendo "Unicum" una de estas cosas muy "Hungaricum" la marca de licores, en plena campaña de difusión de los nuevos sabores Unicum Szilva, Unicum Paprikás Csirke y Unicum Lencse, se está planteando denunciar a Orban Viktor por perjuicios a su imagen. La marca Unicum podría verse relacionada con la nicotina y con la imagen de un gobierno muy consumido y quemado. 

Se ha difundido el escándalo del reparto de licencias de "Tiendas de tabaco nacional". Según este rumor la adjudicación se ha realizado de manera nepotista, entre los amiguetes cercanos al Partido Fidesz. Esta noticia ha sentado a los húngaros como la última calada a un cigarro, cuando se ha concentrado toda la nicotina y te das cuenta que te estás fumando el algodón.  

El nuevo plan del Gobierno es que, a pesar de que en estos "Nemzeti Dohánybolt" no se puede entrar con menores de edad, sea posible comprar dentro artículos como caramelos y helados. Para ello se están sosteniendo conversaciones con Willy Wonka Co. 

Informando desde Budapest, el reportero más dicharachero de Ferenc Liszt Tér, para todos Ustedes, El Pistacho Veloz.




31 julio, 2013

Sin noticias de Spiderman (en Budapest)

Las calles de Budapest serían el infierno para Spiderman, porque están cubiertas de cables de derecha a izquierda entre los balcones de un lado y otro de la calle, a lo largo, entre farola y farola, incluso de árbol en árbol, y, finalmente, en diagonal, no sé porqué, también.
dibujado entre 9.30-11.30, hoy, desde el Híradó Kávézó, en la esquina de Dohány utca con Erzsébet körút.
Se aprecian los cables por doquier.

Spiderman no quiere venir a Budapest, pero no hace falta porque los súpervillanos octopusianos con muchos brazos, las mujeres gato y los robots gigantes tampoco pueden moverse fácilmente por estas calles. El duende verde se comería los mocos al intentar sobrevolar las calles en su tostadora volante. Y de Lobezno, con esas garras de adamantium hiperconductoras de electricidad ... ni hablamos. 

Todos ellos tuvieron que ir al médico después de tropezarse con tanta cablería. Y fue entonces cuando se dieron cuenta de que los médicos húngaros atienden mejor a aquellos "clientes" (mentalidad que el socialismo no pudo cambiar) que pasan "d'estrangi" por la banda un sobrecito con dinerito extra. Así uno sabe que el médico trabaja con más alegría. 

Pero Spiderman no sabía que hay que "incentivar" a los médicos húngaros (hay que hacerlo sobre todo porque son los que no han emigrado a Alemania para cuadruplicar su salario). A Spiderman lo hicieron desnudarse delante de una fila de enfermeras gordas que se reían de su picha. Mientras, al Duende Verde le tocó esperar seis horas en una sala sucia con goteras junto a un niño que no paraba de berrear. Entre los cables y los hospitales... no se puede defender el bien ni el mal. Lo mejor es quedarse en escala de grises: comer carne con tomate; reutilizar las bañeras como sillones de pubs; tomar limonada que no lleva limón, sino maracuyá; entrar en la Unión Europea, pero no en el euro; echar de menos a los húngaros Szekély, pero no concederles el voto, etc... En Hungría no hay blanco y negro. 
Por eso en Hungría seguimos sin súperhéroes. 

30 julio, 2013

Inquietante llamada telefónica magiar

La famosa Librería de los Escritores a esta hora de la noche y tres alegres magiares campando con nocturnidad.

Seguramente lo más interesante que me ocurrió ayer fue la llamada tan extraña a mi móvil. Caminaba yo cerca de la estatua de Franz Liszt, en la porción de calle entre la California Coffee Company y la Írok Boltja (La Librería de los Escritores). Sonó mi móvil húngaro pero no reconocí el número. Era un número húngaro, pero no estaba entre mis contactos. La conversación fue así de rara: 

Yo - Hola.
V. - Hello.
Yo - Hello?
V. - Hello! ... Hola?
Yo - Hola!
V. - ¿Quién es? 
Yo - Soy Miguel. 
V. - ¿Miguel?  
Yo - Sí, Miguel Ángel. 
V. - ¿Miguel? ¿Qué Miguel? 
Yo - Pues no sé... soy Miguel Miguel Ángel, ¿quién eres tú?
V. - Yo soy Viktor. 
Yo - Viktor, ¿Qué Viktor? 
V. - Soy Viktor, soy taxista. 
Yo - Pero, ¿por qué me has llamado? 
V. - Tenía una llamada de tu número. 
Yo - Pues yo creo que no te he llamado.
V. - ¿Tú dónde vives? 
Yo - Pues... en este momento estoy en Budapest.
V. - Yo también. Soy de Budapest.
Yo - Uff, yo no he llamado a un taxi... pero la casualidad es que hablas español.
V. - Sí, ¡qué raro! 
Yo - Sí, esto es muy raro. 
V. - Bueno, no pasa nada, ¡saludos y hasta luego!
Yo - Eh... sí, ¡gracias! ...??... ¡hasta luego! 

Y así ha terminado la cosa. 
No he llamado a ningún taxi en toda la semana y, antes, el móvil estuvo apagado desde junio. ¿Cómo un taxista húngaro puede tener una llamada perdida de mi móvil? 
Este móvil nunca se desbloquea sólo: es de los antiguos. Supongo que de algún modo se ha pulsado un número al azar y ha llamado sólo... ¡¡Lo que me parece imposible es que ese número al azar sea un taxista húngaro que habla español y devuelva las llamadas!!

29 julio, 2013

Sin rollo


Se me ha acabado el rollo con lo del húngaro. Es una lengua muy agradecida porque aprendes cuatro tonterías y todo el mundo te felicita. Pero a mí después me preguntan que cómo es posible que sepa húngaro y entonces alguien explica que estuve cuatro años dando clase en Miskolc. De repente mis niveles de popularidad pasan de 100 a 0 en dos segundos. Igualito que los frenos de un Posche. 


El reencuentro... perdido.


Hoy hay anunciados para Budapest 41 ºC. Me refiero a 41ºC  de calor, para que quede claro. 

He comenzado el día en la California Coffee Company, con el imprescindible aire acondicionado y wifi, escribiendo sobre mi primera y única experiencia de találköző, pero he perdido todo lo escrito por culpa de un problema técnico. Con el cabreo y el calor que hacía no he reescrito el reencuentro con mis alumnos de hace cinco años en Miskolc. Quizá eran unas 400 palabras. Y me ha venido un bloqueo para todo el día. Una diarrea mental. 


Rubio leyendo un libro electrónico en la California Coffee Company en la Plaza Liszt Ferenc de Budapest. 


Por eso no recomiendo la aplicación Blogger para iPad, es pobre y no guarda automáticamente lo que vas escribiendo, como ocurre en el resto de las aplicaciones para iPad. He probado Posts para iPad, pero tampoco me convence la edición de texto: no puedo cambiar de párrafo y no se publican los posts. He probado después Blog Docs, pero igualmente no me convence, por ahora. 

Intentaré desesperadamente no pagar los 5€ que vale Blogsy, Ésta sí que tiene buenas críticas, pero ya hoy no te puedes fiar de las críticas, porque las compañías pagan por ellas (es uno de los grandes nuevos negocios actuales). De ahora en adelante, vuelvo a mi costumbre de escribir todo en Pages antes de nada. Pages no pierde nada de nada de lo que escribes, sin tener que pulsar ningún botón. Es una de las preciosidades de Apple.

De este modo, mis sentimientos sobre el reencuentro con mis alumnos de hace 5 años se quedarán hoy en el tintero, porque mi trabajo perdido junto a los cuarenta grados que se alcanzarán hoy en Budapest están haciendo mella en mí.  

26 julio, 2013

Urban Sketcher en Budapest


Este dibujo primero es de los días anteriores al viaje. 
Los trams que recorren la Calle Szechényi, calle principal de la ciudad de Miskolc: el amarillo Tatra y el rojo que trajeron de la ciudad de Viena, donde circuló anteriormente. 
Desde 2012 han sido parcialmente sustituidos por el nuevo y flamante tranvía llamado "Flecha Verde" (Zöld Nyíl). 


Siempre me han divertido mucho los buzones húngaros. Me parecen animales disney. Creo que con esas patorras van a salir corriendo en cualquier momento, ¿verdad? Éste lo encontré después de desayunar en el Café Alibi (Egyetem tér), cuando caminaba pasando el Rectorado de la Universidad, en la Calle Szerb, junto al Loch Ness Pub. 


Hoy por la mañana me he plantado a las 8h en la Catedral de San Esteban y ha salido esto. Sin duda, dibujar es una magnífica forma de mirar. Nunca me había fijado tanto en todos los detalles de este edificio. Ego sum via veritas et vita, lleva "humildemente" escrito, "Yo soy el camino hacia la verdad y la vida".


Después de caminar un poco he llegado a la Sinagoga y he parado a desayunar un sájtos szendvics con un alma teát. Con energías renovadas, he dibujado esta vista. 

Y ahora os escribo desde el Szimpla Kávézó, donde se les ha acabado la cerveza Dreher, así que estoy tomándome una Soproni, muy fría. 

Egészségedre!! 


25 julio, 2013

Agyő Európa, Európa agyő!

Cuando yo vivía en Miskolc representaron en el Teatro Nacional (¿os he dicho ya que en Hungría todos los teatros del país se llaman "Teatro Nacional"?) (Nemzeti Színház) una obra de teatro con el título Agyő EurópaEurópa agyő! Al pronunciarlo, no es difícil darse cuenta que es la transcripción fonética al húngaro de una palabra italiana: "Addio". Mientras que en español se utiliza "Adiós" para despedidas breves, tras las que vuelves a ver a la persona pronto, al día siguiente o la semana, en italiano utilizas "Addio" cuando nunca más volverás a ver a esa persona, porque no puedes o porque no quieres. Es mucho más dramático.

Mi amiga Danielle es de California. De allí supuestamente vienen los pimientos (kaliforniai páprika) rojos, amarillos y verdes que se comen muchísimo en Hungría (y en España). Danielle ha pasado dos años viviendo en España y ahora habla andaluz mejor que yo. Aunque se lo digan por la calle, en realidad, no se parece nada a Melanie Griffith, pero ya sabéis cómo son los americanos para nosotros los europeos: son todos iguales, como los chinos. 
Danielle canceló su viaje a Budapest en junio porque de repente le entró una tremenda nosztálgia: era su último mes en Córdoba y tener que marcharse le partía el corazón (one more time). La dejé en la estación aquella mañana llena de lágrimas en que regresó a Lala Land. 
Esa misma mañana en Córdoba, una hora después, también despedí en la estación a Kata, una amiga húngara de Mosonszentmiklós (cerca de Győr) que se marchaba a Budapest, pero sólo para el verano. 
Para completar el círculo, me acordé de otro americano: Joe Selmser, también de Lala Land. La primera vez que hablé con Joe comentamos que los dos teníamos la misma primera impresión de Miskolc: era como estar en España/California, pero 20 años atrás en el tiempo. Joe no conoce Córdoba, pero se enamoró de Hungría y se casó con Viki, una chica de Nyíregyháza. Historias, gente.

Danielle escribe un blog divertidísimo, bilingüe. Esta semana he leído dos blogs escritos por norteamericanos. El de Dani, "Kicking the spanish habit: adventures of a california girl in Spain" y el de Philip Done, "An american in Budapest". Me parece que mientras el de Danielle tiene el mismo sentido de la curiosidad, del humor y el gusto por los laberintos de la gramática, lo surrealista o lo complicado de mi propia escritura, el blog de Philip tiene un humor mucho más blanco, sus posts son más cortos y de ideas más claras y directas, es decir, lo que yo considero que es un estilo más "americano". Considero que meterse en camisas de once varas y debates bizantinos es algo más "europeo". 

Lo he discutido con mi amigo (y editor) Mario. Él piensa lo mismo: es como si los europeos hubiéramos estado fumando hierba antes de escribir. En cambio, lo común a los americanos es que escriben con entusiasmo y se admiran de la realidad. Aman aquello de lo que escriben. 
 
Danielle sabe que volverá a Europa, pero no será lo mismo. Lloraba porque se estaba despidiendo para siempre de su vida cordobesa. A los periodos de vida no se les dice "¡Hasta luego!", porque no vuelven. Por eso cuesta tantas lágrimas decir Agyő EurópaEurópa agyő!

Escrito desde la terraza del Café Alibi, en la foto que acabo de tomar, donde tienen uno de los mejores cafés de Budapest, (recomendación de mi amigo Dénes).  


15 julio, 2013

Alázat - Una hostia viene bien de vez en cuando...

A veces cuando me siento a escribir, con ganas irrefrenables, me pego de bruces con una pregunta: ¿sobre qué diantres estoy escribiendo? ¿Hablo de Hungría? ¿de España? ¿de mí mismo?

Dicen que dijo Mike Tyson: "todo el mundo tiene un plan, hasta que le pego la primera hostia". Yo tenía un plan, pero, por mi inconstante y ondulante forma de pensar, mi multitasking way of life, de vez en cuando tiendo a poner todo en duda y revisar mis motivos para escribir. Y me pego la hostia.


Cada vez que reviso mi biblioteca, para quitarle el polvo por ejemplo, me entra una crisis existencial del tamaño de un perol cordobés.


Tampoco es que haya leído todos mis libros: los he llevado a mi cama, los he tumbado bajo óscuras lámparas de mesilla de noche, los he acariciado para que me revelen sus secretos sin tener que leerlos con cuidado, los he ojeado y dejado escrito palabras en su interior, para después abandonarlos al desamparo de la estantería, en la cruel colección. Y ahora parece que leo mucho de tantos libros que tengo. 

Es verdad que internet nos enseña a leer superficialmente, como muy bien ha explicado Nicholas Carr en uno de los pocos libros que sí que he leído de cabo a rabo sin saltarme nada. 

Pero no es verdad que internet tenga la culpa de que yo leyese superficialmente ya antes saltándome párrafos completos. Tuve mis primeros contactos con internet hacia 1997 en el Aula de Informática de la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba, pero ya antes de eso leí "El Señor de los Anillos" saltándome párrafos y párrafos completos de aburridas descripciones de otoñales paisajes.  Boring. Por eso hago lectura de cabotaje todavía hoy a menudo. 

Hay que ser consciente de que si lees un libro "por encima", no puedes extraer de él la profundidad del mensaje. Es lo mismo que crítica Nicholas Carr de internet: si lees superficialmente, no puedes concentrarte en lo que lees. 

Como a todos los niños y a los húngaros, me gustan las estadísticas. Hay un número limitado de libros que podemos leer en nuestra vida. Dos libros por semana, serían unos cien libros al año. Multiplicándolo por unos 50 años... sale que podemos leer unos 5000 libros en toda nuestra vida. Esto justifica que algunos libros los leamos superficialmente y otros profundamente, porque no hay tiempo que perder ni para leer, ni para escribir, ni para nada. Este sentimiento se conoce también como "miedo a la muerte".   


Parte de mi pequeña y amada biblioteca magyar, tal como está hoy en mi estantería en Córdoba.
(Córdoba, Plaza de la Magdalena, 2013)
Cuando quiero escribir, se me juntan las ganas por el cachondeo de George Mikes, con la sinvergonzonería de Robert Capa el ansía de narrar las causas de la Historia de László Passuth o de Miklós Bánffy, las manías de los personajes de Antal Szerb y las ganas de explicar cada estatua húngara de Bob Dent. Quiero conjugar la melancolía autobiográfica de Péter Esterházy con pinceladas antropológicas a lo Gyula Illyés, el ojo y la oportunidad de Robert Capa, pero parecer intelectual como Artur Koestler, sin dejar atrás la maestría del retrato del alma humana de Magda Szabó, aunque en el fondo me sienta tan burgués como Sándor Marai.

Y así se me pasan las horas entre tanto gigantesco referente sin darme cuenta de que la única historia que puedo contar yo no es grandiosa, ni intelectual, ni tiene interés antropológico y además es la de sentimientos más torpes: es la mía. Porque la humildad ("alázat" en húngaro) también es ficare bene contigo proprio, como dice mi amigo Luis el portuñol. 


Ayer por la mañana iba a salir a comprar el pan y pasé casi un cuarto de hora buscando las llaves. Las encontré en la puerta de la casa, puestas por fuera. Habían estado allí toda la noche. La próxima vez añadiré un cartelito que diga: ¡Por favor, soy despistado, róbeme, pero no haga mucho ruido que estoy durmiendo!


08 julio, 2013

Ya no gritarán las grullas en mis oídos

Ya no gritarán las grullas en mis oídos,
por Iván SanJuás
Vaya por delante decir que mi amigo Iván es un tío mentalmente sano y muy simpático. Es muy sociable, sus alumnos y alumnas a los que Iván enseña dibujo y pintura están encantados con él (quizá especialmente sus alumnas) y siempre que salimos de viaje o de fiesta Iván está sonriente y es un gran bailongo. 
Dicho esto, si uno ve los cuadros que pinta Iván podría pensar que es un amargado y candidato a entrar en un MacDonalds con una recortada y cepillarse a todos lo que están pacíficamente deglutiendo lípidos con mostaza. Sus cuadros contienen muchísimo color negro y, en la décima parte de la superficie del lienzo, una figura translúcida que cumple alguno o todos estos requisitos: está de espaldas, compungida, se está contorsionando o no tiene ojos. 
Para los que creáis que estoy exagerando, echad un vistazo a algunos títulos de sus obras: 

La luz penetra donde no brilla el sol

No entres dócilmente en la noche callada

Negra leche del alba

Ya no gritarán las grullas en mis oídos (el de la imagen) 

A pesar de eso, Iván es buena persona y muy alegre, de verdad. Cuando viajamos juntos por Aggtelek, Szeged, Miskolc, Budapest y otros sitios de Hungría tuvo la genial idea de comprar un cuadernillo de viaje y sus acuarelas para que todos fuéramos apuntando y dibujando las anécdotas. Quedó una preciosidad de cuaderno. Con muchos colores. Y todavía tengo la imagen de Iván dibujando, o paseando y conversando junto a mí o bailando como un descosido en Barcelona aquella noche que nos reímos tanto y nos bebimos la última gota de aquel vodka polaco que tenían en ese bar.

También los húngaros son gente muy alegre, pero son gente alegre que cree que son gente triste. Esto es lo que pasa cuando "Szomorú Vasárnap" (Domingo Triste) es una de las canciones más famosas del país. Hablan de que todos les invadieron, pero también nos pasó eso en España. Aunque claro, nosotros invadimos América y ellos perdieron las Guerras Mundiales... Así que no se les debe discutir mucho sobre este punto. La melancolía es la dicha de estar infeliz. 

26 junio, 2013

Diversión y filetes empanados

Hungría siempre es diversión.

Diversión. Del latín divertĕre, llevar por varios lados.
Desafortunadamente no he sido capaz de encontrar entre mis alumnos españoles de 3º y 4º de E.S.O. más que tres personas dispuestas a alojar a los estudiantes húngaros - grupo de teatro que iban a visitar el pequeño pueblo donde ahora doy clase. Siento la tentación de sentirme decepcionado, pero no sería justo por mi parte, no todos tienen que hacer lo que yo quiero.

Al final a muchos españoles les puede el individualismo y la falta de previsión: "Yo no sé mis planes para esa fecha", o bien, "No les conozco", o bien, "no tenemos sitio en casa".
Fair enough, pero siempre es una pena que un intercambio de este tipo no ocurra, privando a unos pocos niños de culturas diferentes de conocerse y darse cuenta de que su diversión les une, más que les separa.
No siempre los planes salen bien.

Las aguas agitadas del Danubio vuelven a su cauce y los grados de temperatura infernal regresan a Córdoba. ¿Qué nos depara la próxima semana? ¿unión o diversión?

Hungría siempre es diversión.

Hoy he recordado cuando mis amigos vinieron a visitarme a Hungría. En los días que yo tenía que trabajar Iván, Jairo y Juanlu alquilaron un coche. Visitaron Austchwitz y conocieron a Shlomo Venezia. Cada vez que se paraban a comer en algún sitio siempre les ocurría lo mismo: pidieran lo que pidieran de la carta, siempre les traían un filete de pollo empanado.

Hungría es diversión asegurada.


03 abril, 2013

¿Tienes miedo a no existir?

Attila comenzó a ser profesor en el Herman Ottó el mismo año que yo. Ahora da clases de Historia en inglés en un colegio de Madrid.
Attila me entregó el librito donde describía las fechas, lugares y nombres que debían aparecer en cada uno de los temas de Historia. Estaba todo bien detalladito.
Me sorprendía que la historia en Hungría estuviera tan clara para todos.

Los españoles no tenemos tan clara la Historia, ni nuestra historia. Yo había sentido siempre que la Historia estaba en permanente cambio, que era versiones interesadas, que siempre era necesario investigar mucho para hacerte tu propia opinión. Los moros, los judíos y los cristianos, los del norte y los del sur, los del centro y los de fuera, los republicanos y los monárquicos, los liberales y los conservadores, los afrancesados, los payeses de la remensa, los carlistas, los krausistas, etc... nadie está de acuerdo en cómo pasaron las cosas en España.  ¿Es rey español Fernando el Católico o es aragonés? ¿entonces es rey español Abderramán III? ¿por qué no? ¿hace falta ser cristiano para ser español? Nada está claro. Todo sigue en discusión en España.

En la Historia de Hungría estaba todo clarísimo... ¿es que nadie se hace preguntas?
Por ejemplo: ¿cómo se puede llamar a un pueblo los pre-magiares? ¿es que no eran otra cosa antes? ¿se estaban preparando para ser magiares?

Encuentro frases de un reputado historiador como István Fodor, que dice:

"Parece increíble que la magiaridad llegara a sobrevivir en aspectos tales como la lengua y la unidad étnica sin sumergirse en el mar de pueblos de lengua iraní y más tarde turca que vivían en la estepa euroasíatica". 

¡La magiaridad desde antes del siglo IX! 
¡Tanto miedo tienen los húngaros a desaparecer que lo proyectan hacia el pasado!

Hurgar en la "magiaridad", como si una cosa así pudiera existir, para afirmar que "sobrevivió" a los contactos con otros pueblos es como decir que no se contagió de otras culturas. Creo que lo que somos hoy es el tutti frutti de nuestra mezcla con todo lo anterior. No existe nada puro. No existe una "magiaridad" impermeable al tiempo. Las personas y las culturas cambian. Un magiar del siglo XI tenía más en común con un francés del mismo siglo que con un magiar actual.  Somos cambios. Somos contacto. Somos mezcla.

¿Cómo se puede saber que los primeros húngaros llegaron a la "patria" en el año 895? ¿ya sabían que éso era la patria? ¿no podía haber sido cualquier otro lugar? ¿era exactamente el territorio que ocupa ahora el estado húngaro?

O, también, ¿cómo se puede llamar "la Conquista de la Patria" al asentamiento en un lugar que ni era entonces patria ni sabemos si era el lugar que aquellos hombres querían conquistar?
Este es el Parlamento húngaro de verdad. Donde el país florece.
Una floristería del Distrito XV de Budapest. en Szechényi tér. 
Pensar que los magiares del año 895 conquistaron este lugar para preservar la "magiaridad" es una idea falsa, pero sirve para crear ciudadanos que amen la tierra en la que viven, como si hubiera una razón para haber nacido allí.

Lo siento, pero la Historia de Hungría tiene un tufo enorme a cuento del XIX para producir ciudadanos fieles que mueran por su país. Hoy ya suena poco creíble.

Para mí la Historia no es una fábrica de nacionalistas. Es mucho más. Bajo mi punto de vista la historia está viva y se reescribe contínuamente.
Creo que los húngaros se están dando cuenta de que la Historia decimonónica no les sirve. Ya no les sirve resucitar Trianon. Lentamente aprenderán a reconciliarse con su alrededor. Van a existir para siempre.
Por eso quiero tanto a Hungría, para que sepa que nunca va a desaparecer. Yo siempre la voy a recordar. Lo prometo. 

02 abril, 2013

Mi tumba preferida.

Siempre me han impresionado los cementerios. Hay personas que no quieren entrar en las Iglesias, como aquella alumna de Espejo, Nieves, y hay otras personas que no quieren entrar en los cementerios, como este madrileño, profesor en 2013 en Pécs, Nico.
A mí me fascina el cementerio de Miskolc. Un compañero que hacía teatro y vídeos cortos con los alumnos, Carlos, grabó unas imágenes del cementerio y las usó en una de sus obras. Es un lugar que no envidia nada a ninguna película de Tim Burton. Está junto a la iglesia más antigua de Miskolc, el Templo de Avasi, gótico del siglo XIII, con su torre extrañamente separada del cuerpo de la iglesia.

Los húngaros tienen su chocolate preferido, ¿verdad? Pues yo, en el cementerio de Miskolc tengo mi tumba preferida. No tengo ningún interés por estar dentro de ella, pero la historia que podemos leer en su lápida es escalofriante. Es la historia de un hombre que sobrevivió a sus cuatro hijos. Otro día os traeré una foto.

Preciosa foto compartida en facebook por "Visit Miskolc":
https://www.facebook.com/VisitMiskolc?ref=ts&fref=ts 

Desde el cementerio de Miskolc permite una vista bastante agradable sobre la ciudad de Miskolc, sin tener que caminar demasiado escaleras arriba. Si quiere usted caminar más, puede subir hasta la "Antenna" ya que Miskolc, como toda ciudad húngara que se precie, está coronada por una gran antena.

En la Antenna solía abrir un bar con forma de pasillo circular, deambulatoria, en el que fui a un concierto de la Hot Jazz Band. Sigue siendo un estupendo mirador sobre la ciudad.



10 marzo, 2013

Radio húngaro-andaluza "Hajrá Magyarok"


   En la Universidad de Huelva existe algo bastante único en Andalucía, que yo sepa: un Centro de Estudios Húngaros. 
   Desde la radio de esta pequeña institución, Katalin Huszár y Rita Ősz han emitido durante 2012-2013 unos programas muy simpáticos titulados “Hajra Magyarok” (¡Arriba los húngaros!). 
En este programa es posible escuchar a un invitado francés hablando en español sobre Hungría. 
Kata y Rita también ponían músicas húngaras (como la Hot Jazz Band o música latina-húngara). 

   Su objetivo era que los andaluces conocieran Hungría y los húngaros, Andalucía. Esta radio fue un lugar de intercambio entre la cultura española y la suya. Una pena que ya hayan abandonado este proyecto tan bonito.

   Aquí se pueden escuchar todos los programas: 
http://radio1.uhu.es/?p=archive&cat=hajra_magyarok  

05 marzo, 2013

Mi nueva adquisición

Lo bueno es que está escrito por él mismo.
Lo "malo" es que lo escribió antes de escaparse del equipo húngaro en 1956 para no regresar a la Hungría post-Nagy Imre, y, por tanto, antes de vivir en España y jugar en el Madrid como Cañoncito Pumpum. 

Empieza así: 


"I know far less about writing than about scoring goals. But I will do my best, and hope that readers may decide that perhaps I can at least write better than some famous authors could play football"


(Traducción: 

"Sé muchísimo menos de escribir que de marcar goles. Pero haré todo lo que pueda y espero que mis lectores decidan al menos que quizá escribo mejor de lo que algunos famosos escritores juegan al fútbol")

04 marzo, 2013

Bicis y wifis


Uno de mis pasatiempos favoritos en cualquier lugar es ir al cine.
Este fin de semana aproveché para visitar el   Mûvész en Budapest.
http://muveszmozi.hu

Dos sorpresas agradables: Se pueden meter las bicicletas dentro y hay wifi.


No sólo había wifi en el cine, sino que también hay wifi gratis en el centro de Budapest en muchos lugares, sin restricción, como en la "Librería de los Escritores" / Írók Boltja o en el restaurante Menza donde comimos con unos amigos.

http://www.irokboltja.hu
http://www.menzaetterem.hu

Al regreso a España amarga sorpresa: no hay wifi libre ni en el aeropuerto de Barajas, ni en la Estación de Atocha. Me senté en un bar donde lo prometían y me pedí una cerveza. Inconveniente: cada 5 minutos tenía que volver a pulsar un botón para seguir navegando. Tras media hora de navegar me denegaron el acceso.
 ¿Por qué en España no tenemos wifi libre y sin restricciones en tiendas y en todos los lugares donde se viaja?

03 marzo, 2013

No es un frac, es un forro polar.

Mis amigos suizos de Basilea, Claudio, Mish y Grish, me visitaron en Hungría y describieron el alemán que hablan los húngaros como “alemán con flores”. Debían referirse a las florituras y parsimonias que se recuerdan desde los ceremoniales del Imperio Austro Húngaro hacia 1900. Los húngaros siguen hablando así y haciendo todo así, con muchas florituras de modo que realmente lo hacen sentir a uno en cualquier restaurante como si fuera un Gróf *. 

Los húngaros a cualquier cosa le ponen amor, elaboración, cuidado y esmero. Si te ponen un tomate en el plato, estará cortado de forma que parezca un diamante; si te ponen un pepino, estará esculpido como un tulipán; si es un café, tendrá un corazón dibujado en la espuma; si es mantequilla, formará finos giros salomónicos, si te haces una foto para el carnet el fotógrafo también te indica que contorsiones tu cuello y te exprimas como los anteriores alimentos, para sacar tu mejor escorzo. 

Como ejemplo de esmero y elegancia os quisiera servir a los camareros de Miskolc, mucho más amables de lejos que los de la capital. 

El Restaurante Impresszó de Miskolc. 
Aquella noche de 2004 fui con las tres francesas a cenar restaurante Impresszó de Miskolc. Elegimos la mesa que se encuentra inmediatamente detrás de la columna central.  
Al sentarme, el camarero inesperadamente se colocó detrás de mí. Me quedé sin habla cuando noté que me ayudaba a desprenderme de la prenda que llevaba puesta. 
Pero no era un frac, ni siquiera una chaqueta, sólo era un forro polar. El camarero, o, mejor dicho, el metre, trató a mi viejo y despeluchado forro polar como si fuera un abrigo de visón y lo colgó en el perchero, junto a abrigos de cuero y otras prendas de vestir bastante charming. 

El camarero tomó nota de nuestras bebidas y anotó también un paquete de tabaco para una de mis amigas. Regresó con un plato en cuyo centro se situaba graciosamente un paquete de “Multifilter Azul”. El camarero depositó el plato en la mesa y entonces nos pilló por sorpresa: cogió el paquete y abrió el precinto, retirando el plastiquito y abriendo la tapa del paquete. Propinó unos golpes en el culo del paquete ante nuestra mirada atónita. Yo pensaba que iba a fumarse un cigarro del paquete de mi amiga, sin permiso ni nada. Pero cuando tres cigarros asomaron, como los hermanos Dalton, por la obertura lo depositó apoyado sobre la tapa de modo que los cigarros se mostraban apetecibles y tentadores ante nosotros. Tras esta ceremonia del apertura del tabaco, el camarero se retiró. Nosotros nos miramos a los ojos, incrédulos. 

Entonces una de mis amigas francesas sacó un cigarro y, no bien se lo puso en los labios, cuando la mano del camarero apareció de la nada chasqueando un mechero que hizo prender la punta durante la primera bocanada de humo. Escuché cómo crepitaba melodiosamente la hebrá ardiente del cigarrillo y aspiraba mi amiga el humo. El camarero se retiró sigilosamente para regresar dos minutos después con nuestras bebidas. 

No hay nada que hacer: no se puede competir con la hospitalidad húngara.

Una noche en el Shannon Pub, el bar irlandés de Miskolc, mi vaso de vino tinto estaba demasiado frío. Mi sabio paladar me indica cuando el tinto está tan frío que pierde su sabor, de modo que para la segunda copa pedí al camarero que se acercase. Le hablé intentando ser tan educado y elegante como ellos: 

- Elnézest! ¡Disculpe! ¿sería posible pedir una copa del mismo vino, pero de una botella que no estuviese en el frigorífico, es decir, sin enfriar?

El camarero frunció el ceño durante una milésima de segundo y después sonrió con una idea y dijo "Persze!" (¡Por supuesto!). Regresó dejando una espléndida copa de tinto ante mí. Desafortunadamente, cuando acerqué los dedos y toqué la copa quedé horrorizado: había metido la copa en el microondas, en su afán por satisfacer mis caprichos termostáticos. Claro está que me la bebí sin rechistar.




* Un Gróf es un "Conde" en los países de habla alemana. 

02 marzo, 2013

Paraíso tomatero


Foto desde el interior del Café Central de Budapest, junto a Ferenciek tére (la Plaza de los Franciscanos), ayer, 1 de marzo de 2013 (mi santo o névnapot).


Junto a las naranjas, hay algo más que tienen mitificado en Hungría: los tomates. 

No me lo ha dicho nadie. Es cierto que se venden tomates normalmente, aunque no exista el salmorejo o el gazpacho. El tomate es opcional en el gulyás y en la sopa de pescado (halászlé) y es un ingrediente obligatorio en muchos platos hungarísimos como el pisto húngaro (lecsó) o en la ternera con tomate (marhapörkölt). Pero un detalle me llamó la atención: se usa la misma palabra para decir "tomate" que para decir "paraíso". 

Se me ocurren dos opciones: o bien para ellos los tomates son frutas del paraíso, lo cual es muy lógico, puesto que América fue considerada una nueva tierra prometida para muchos. De hecho, en italiano le llaman "pomodoro", es decir, "manzana de oro". En español la palabra proviene de alguna lengua precolombina, supongo.

La segunda opción es que en la imaginación húngara el paraíso es un enorme planeta en forma de tomate en alguna galaxia hortofrutícola que los humanos no hemos descubierto (no está claro si los húngaros son de este planeta).

Y no nos importa si es una fruta o una verdura, porque está buenísimo.


"¿Qué culpa tiene el tomate que está tranquilo en su mata /
y llega un tío y lo arranca y lo mete en una lata /
y lo fríe con patata?"
(Coplilla andaluza)

(escrito un dos de marzo en el aeropuerto Ferihegy T2B de Budapest... perdón, que ahora se llama Liszt Ferenc, creo)

20 febrero, 2013

Gran Maestro de la Orden Jedi soy.

A veces nos parece que en otros idiomas se habla como lo hace el Maestro Yoda.
En alemán, por ejemplo, me cuenta mi amigo Julio que el verbo se coloca gramaticalmente en el final de la frase. Esto tiene una consecuencia: no se entiende nada hasta que el hablante no termina la frase y, consecuencia indirecta, la gente escucha a los demás hasta que terminan de hablar.
En húngaro ocurre muy parecido y el verbo se coloca muchas veces al final de la frase. En húngaro, no obstante su colocación es más flexible que en alemán. En húngaro lo que es importante y se quiere recalcar se pone al principio de la frase, como en este ejemplo:

- ¿Eres Javier?
- Javier soy.

Incluso se puede totalmente eludir el verbo "ser". ¿Por qué? Quizá porque el verbo ser se dice tanto que ya estaban un poco hartos de tener que repetirlo cada vez. El húngaro puede ser un idioma en ocasiones muy económico.

- ¿Eres feliz?
- Feliz.

O, como diría el Maestro Yoda: "Muy económico el húngaro un idioma puede ser, Joven Skywalker". En el siguiente email que recibí de una muy amable conocida de Miskolc, vemos como los húngaros también tienen tendencia a hablar colocando el verbo al final.


A ésto yo lo llamo "Lenguaje de Yoda" o Yoda Language, si queremos ponernos internacionales.

En España no es normal esperar a que el otro termine de hablar para hablar tú. Si te quedas callado todo el rato escuchando puede parecer que no te importa nada lo que te están diciendo: debes hablar a la vez que te hablan para mostrar interés. Incluso debes intentar constantemente interrumpir las frases de la persona que te está hablando para demostrar total comprensión. Si tu empatía con quien te habla es muy grande, entonces deberías ser capaz de terminar la segunda mitad de la frase que tu interlocutor ha comenzado.
Pongamos un ejemplo:

ENTRE EXTRANJEROS QUE COLOCAN VERBO AL FINAL:

- Un accidente en la oficina de al lado de la casa de tu tía con dos heridos ha habido.
- ¿De verdad? ¿Del accidente a los heridos conocías?
- Ciertamente. En el colegio la educación primaria con Javier juntos hicimos.
- ¡Oh, que vicisitud!.

EL MISMO DIÁLOGO ENTRE ESPAÑOLES:

- ¡Hostia tú! Ha habido un accidente en la oficina al lado de ...
- ¿...de mi tía? ¿Qué me estás contando, compadre? ¿Conoces a ...?
- ¡Joder, que si conozco! Pues a Javi, que hizo primaria conmigo, to la vida.
- ¡Hay que joderse!

Del diálogo anterior trascienden algunas diferencias entre unos idiomas y otros, que seguro interesarán a mis amigos lingüístas, traductores y extranjeros que desean entender el español.

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